Falsa política, falsa democracia

2

Se abre en estos días una nueva batalla electoral. En esta ocasión, y después de un rodillo durante décadas del bipartidismo -apoyado, eso sí, por los partidos nacionalistas que han hecho de “bisagra” tanto a PSOE como a PP, para sacar réditos, y ¡vaya que los han sacado!-, se vislumbra un horizonte multipartidista, en el que entran en juego otras opciones políticas como Podemos, Ciudadanos, y otros restos de partidos, también de izquierdas. Los antiguos partidos están plagados de corrupción y mala administración (o buena para ellos, según se mire); los nuevos, también han mostrado ya señales claras de cierta corrupción, ambigüedades, populismo, demagogia, etc. Pero si nos fijamos, en el mapa político actual no hay partidos que defiendan “ideas”, sino “ideologías”. Los partidos declaradamente de izquierdas se caracterizan históricamente por ser puramente “ideólogos”.

Si preguntamos qué opinan de la persona, de la libertad, de la propiedad, de la nación, de la religión, de las fuerzas armadas, siempre tienen una misma respuesta; una respuesta derivada de sus “manuales”, unos todavía marxistas, otros más cercanos a la socialdemocracia. Pero en todo caso, se rigen por manuales. Si hablamos con una persona que se define de “izquierdas”, no hace falta preguntarle qué opina sobre cada tema; todos opinan lo mismo: ¡está en el manual! Y entre estos partidos debo incluir al Partido Popular, porque habiendo olvidado sus “ideas”, hace ya muchos años que hace “ideología”, lo que es propio de la izquierda; ya no defiende la nación con fortaleza, ya no defiende la vida, ya no defiende la iniciativa privada -sino que sube impuestos y machaca al ciudadano-, ya no prestigia a nuestras fuerzas armadas, etc. Ha entrado -y sólo hay que ver las declaraciones de sus máximos dirigentes, como Soraya Sáenz de Santamaría, Cristina Cifuentes, Javier Maroto, Esteban González Pons, y hasta el propio Mariano Rajoy-, en el más puro relativismo: las cosas son como conviene en cada momento a los intereses partidistas.

No hay verdades absolutas, salvo el puro afán electoralista. Se trata, por tanto, de una “dinámica de izquierdas”: llegar al poder como sea, y luego ya podremos hacer la política que define nuestro manual. Este es el comportamiento de la alcaldesa de Madrid, de la alcaldesa de Barcelona, del alcalde de Valencia: romper con las tradiciones, con raíces cristianas pluriseculares -ofendiendo a la inmensa mayoría de la población española-, y destruyendo una herencia ganada y querida por los ciudadanos. Se quitan los Belenes tradicionales en Madrid, se quitan todos los símbolos religiosos del cementerio de Valencia, se prohíbe que los políticos estén presentes institucionalmente en actos religiosos, se quita el patrón y la Misa de los policías municipales, etc. Y es que hay que “cumplir el manual” hasta el final. La política de la izquierda, y de sus malas copias –como el PP-, es exclusivamente ideológica. No se gobierna para todos, no se representa a todo el pueblo, no se tienen en cuenta las sensibilidades de los ciudadanos; al contrario, se hace ideología, y se pretende adoctrinar a las personas, empezando por la más tierna infancia, como hizo Zapatero con Educación para la Ciudadanía, o como llevan haciendo los nacionalistas desde casi cuarenta años en sus escuelas.

Y frente a este “panorama” surge una “luz”, surge VOX, un partido que se define como “la derecha sin complejos”, un partido liberal-conservador, una opción estrictamente democrática, pero que no consigue llegar a la calle, no consigue ser reconocido por los ciudadanos, porque se le impide cualquier aproximación a los medios de comunicación, ya sean prensa, radio o televisión. Es grave que se quiera adoctrinar a una sociedad; es grave que los políticos hagan ideología, en lugar de defender ideas, principios, valores; pero es tan grave o más que el llamado “cuarto poder” esté postergado, sojuzgado, limitado, sometido, por esos políticos ideólogos. No vivimos en democracia; es falso. Tenemos una “estructura formalmente democrática”, pero también lo era el Principado de Augusto, -manteniendo las Magistraturas y la República-, aunque sólo formalmente; por encima siempre estaba el Emperador. Lo mismo pasa en España: la división de poderes es inexistente, puesto que el ejecutivo controla la labor legislativa, y elige al poder judicial; y del mismo modo, mediante subvenciones, exclusivas, y promesas, controlan también la información; tanto pública como privada. ¿Cómo es posible que un canal de Televisión, supuestamente independiente como 13TV, realizara un debate de casi dos horas sobre el aborto, y que a Santiago Abascal, representante político de un partido que se identifica claramente contra el aborto, ¡estando en el plató!, no se le permitiera intervenir en el mismo? Ni se nombró a VOX durante todo el debate. Eso es pura manipulación. Eso es pura mentira. Eso es puro engaño. Y el problema no es que se engañan a sí mismos; el verdadero problema es que engañan a los ciudadanos.

Pero todo esto tiene una explicación: si los españoles conocieran bien la existencia de VOX; si los ciudadanos pudieran oír las propuestas de VOX, el Partido Popular que tiene cautivo un voto temeroso frente a la izquierda, y otros partidos que se benefician de la ambigüedad como Ciudadanos, no conseguirían pescar en río revuelto; no se llevarían votos de los que en realidad no representan.

Algunos de los que lean este artículo podrán no compartir mis opiniones, e incluso ninguna de ellas; pero no podrá negar nadie que si los españoles vieran que a VOX se le dispensa un trato equitativo, igualitario, con los demás partidos políticos, muchísimos optarían por entregarnos su confianza. Porque muchos ciudadanos de nuestra Patria comparten nuestras ideas, nuestros principios: la defensa de la vida, la unión matrimonial entre hombre y mujer, la bajada de impuestos, la defensa de la familia, el respeto a los mayores, la ayuda a los más necesitados, el orgullo de España, el cariño, respeto y agradecimiento a nuestras Fuerzas Armadas, la eliminación de desigualdades entre autonomías de primera y de segunda, devolviendo las competencias al Estado Central (fundamentalmente Justicia, Sanidad y Educación), la aconfesionalidad del Estado –que no la laicidad-, la finalización de las subvenciones a partidos políticos, sindicatos y organizaciones empresariales, etc. Millones de españoles coinciden con nuestras ideas. Sin embargo se les miente con el voto útil, cuando en realidad es el más inútil que existe, ya que ese voto sólo consigue que durante cuatro años ninguno de los 350 diputados del Congreso, les represente.

Y por el contrario; un voto útil, un voto emitido con valentía, es el que se da a quien defiende los valores que uno comparte. Por eso hay un silencio mediático; por eso VOX parece que no existe. Hay intereses de grandes empresas, lobbies y personas concretas a nivel nacional, y supranacional, que llevan décadas intentando construir una sociedad relativista, que no crea en nada, y que se deje someter. Y a éstos no les conviene un partido como VOX; no pueden consentir que la gente “piense”, porque un ciudadano que piensa, es un ciudadano libre. Y una persona libre no es domesticable.

Valora el artículo de José María Llanos

Gracias
  • User Ratings (19 Votes) 7.6

Comments

comments

Comparte.

2 comentarios

  1. Me hubiera gustado puntuar el artículo de Jose Maria Llanos, pues me parece fantástico. Pero no entiendo el motivo de no poder hacerlo. La barra de puntuaciones, no me funciona. Pero para que quede constancia, lo hubiera votado con un 9 mínimo

  2. La política pierde el encanto cuando conoces al candidato que se presenta y sabes como es y lo que predica y para nada se ajusta a la realidad, en fin… Una pena, hay muchos partidos que merecen la pena, pero el candidato es quien hace perder al trabajo en equipo y a las ideas propuestas en conjunto.
    Bueno, para eso está la libertad de elegir y expresarse.

Deja una respuesta