El día de la salud

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Todos los años cuando se acera el 22 de diciembre, día del Sorteo de Navidad de la lotería, los españolitos, que ven la tele y los guarda Dios, coleccionamos papeletas con la firme intención de salir de pobres, montarnos en el euro y darnos caprichos de los caros. Nivel Preysler. O más. Luego te das de bruces con la realidad. No he pillado nunca el Gordo. Pero los que sí tuvieron suerte entre mis conocidos, llegaron a pagarse unas cañas, tapar algún agujero y seguir con su vida, como siempre más o menos. Y eso que por entonces Montoro no se agenciaba casi 80.000 eurazos de cada décimo premiado con el primer premio. Casi nada. Siempre toca. Pero a los mismos.

Y como todos saben el 22 de diciembre es también conocido, no sin cierta sorna, como el día de la salud, para los que no nos toca nada más que alguna pedrea.

Este año Rajoy ha querido además, señalando las elecciones un par de días antes en el calendario, regalarnos más emociones algo distintas, para que se unan al regocijo navideño y a la emoción del sorteo, alimentando las discusiones de los primos y los cuñaos en la mesa de Nochebuena, con nueva munición. Munición electoral. La de morados y rojos. Naranjas y azules. Quizá algún verde. Pancas o NormesDelPuig. De todo tiene que haber. Hasta liberales. Y libertarios. Todos debatiendo animadamente, de forma más o menos acalorada, a punto de llegar a las manos o al cava. Eso va por mesas. Más circo pues porque de pan andamos sobrados en estas fechas. El tostón de la campaña electoral, que llega por fin a su fin, se prolongará a buen seguro a los postres y las copas, ya verán.

Todos los votantes, independientemente del árbol al que se arrimen, esperan una sombra que venga a cobijarlos. Un carguito. Una paguita. Un ser tocado por el Espíritu Santo, que saliendo de las urnas por arte de sacrosanta democracia aparezca para arreglarles la saca. Así pensamos los españoles. Sea el Sorteo de Navidad o las Elecciones Generales. Tú compras el décimo o emites tu voto. Eso es lo que ha de cambiarte la vida. Has cumplido con tu parte del trato.

En decepciones electorales sí tengo experiencia. Uno ha sido joven – y se siente joven, qué narices – y ha sido engañado por los oropeles del “puedo prometer y prometo”. O del “váyase señor González”. O del “Pásalo”. De eso se librarán muy pocos. Ya dicen que si me engañas una vez es culpa tuya, pero si lo haces dos, es culpa mía. Y no quiero ser culpable de más emociones truncadas a los pocos meses de otra desatinada elección. Hechos son amores.

Veamos hechos: presidente y aspirante enzarzados en un “y tú más” barriobajero, indigno. Te asalto las sedes, pero de buen rollito en la tele. Apoyo la corrupción, o no, o sí, o no sé. Ese es el nivel. En PP y PSOE el lastre del trinque es tremendo. En Ciudadanos imputan al único alcalde que tienen en Andalucía mientras apoyan al gobierno de los EREs. Podemos tiene corruptos, imputados y convictos, directamente en sus listas. Y estos son los salvadores de la patria. Y, ojo, todos tienen su troupe de ¿periodistas? de cabecera que les hacen la corte. Acojonante. No se me ocurre otra palabra.

Mientras tanto algunos irreductibles se pelean – nos peleamos – por dar la nota discordante en un sistema en el que saben que poca cabida tienen. Hay que reconocer que tienen – tenemos, basta de falsa modestia – mérito. Mucho. Defender ideas a contracorriente es agotador.

Con todo, no es mi intención ser agorero. Es cosa de ver la realidad. De fijarse en lo ocurrido y tratar de aventurar que vendrá. Aplicar políticas chavistas y populistas conduce al desastre. No hay más que echar un ojo alrededor. Acabar con la carne en Argentina o con el petróleo en Venezuela, no me dirán que no tiene su mérito. De los tres en cabeza, vayan a leer su programa. Intervencionismo puro, más o menos edulcorado. ¿Imaginan al PP desdiciéndose de 50 subidas de impuestos? Yo no. Ni en mis sueños más húmedos. Además nada hace pensar que PSOE y Ciudadanos no escenifiquen algo parecido a lo de Andalucía llegado el caso. Aquí, en Valencia, también tenemos lo nuestro. No hace falta que me extienda. Ya tú sabes, bro.

No sé exactamente la combinación de colores que quedará en el hemiciclo tras el próximo domingo. Tampoco importa demasiado. Sí sé que seguiremos viviendo bajo una enorme administración que asfixia al ciudadano con impuestos excesivos y una burocracia incomprensible. Que las libertades individuales retrocederán en pro de una seguridad mal entendida frente a las amenazas terroristas. Que las fuerzas políticas que sí podrían tener capacidad y legitimación para la regeneración no quedarán representadas. Y que, a pesar de todo, habrá miles de ciudadanos contentos con estar esclavizados por su amo, ya que es del color que les gusta. Y celebrarán que les ha tocado el Gordo, sin pensar que mañana hay que levantarse. Y trabajar. Y pagar las facturas. Pero me ha tocado el Gordo. O han ganado los míos. Y verás qué bien. Y qué cambios. Y qué cosas. Y qué perros atados con longanizas. Ya verás, ya.

Yo se lo digo ya hoy mismo. Les deseo que lo pasen con salud. El 20 y el 22. Y lo que venga. Eso es lo importante.

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