La hoja de ruta del catalanismo tiene como fin desguazar la RACV

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El decano Federico Martínez Roda sería colaborador necesario en esta capitulación y entrega definitiva de la RACV al catalanismo, al parecer preparada estratégicamente por Ramón Ferrer, presidente de la AVL.

La sociedad valenciana está contemplando desde el pasado domingo 14 de febrero una de las fases finales de la hoja de ruta que, de acuerdo con los testimonios y documentos recapitulados por la redacción de valenciaoberta.es, tiene como destino final el desguace de la Real Acadèmia de Cultura Valenciana para edificar sobre sus ruinas una nueva institución multidisciplinar, a imagen y semejanza del Institut d’Estudis Catalans, que absorbería todas las secciones de la Real Institución salvo la de Llengua i Lliteratura Valencianes, que sería extinguida, y en la cual la parcela lingüística pasaría a ser competencia exclusiva de la catalanista y estatutaria Acadèmia Valenciana de la Llengua.

De este modo, lo que desde el catalanismo se denomina de forma torticera “secesionismo lingüístico” quedaría neutralizado y académicamente extinguido. No en vano la Secció de Llengua de la RACV y su arduo trabajo con la nueva gramática, la actualización del diccionario, y la puesta en funcionamiento de las herramientas on line de diccionario y traductor representan en estos momentos para el catalanismo la principal barrera a la implantación única y definitiva de la normativa de la AVL-IEC.

El principal valedor y mecenas del trabajo de la Secció de Llengua es, sin ninguna duda, el Patronat de la RACV, actualmente presidido por Eliseo Puig. Y ello es un gran inconveniente para algunos académicos de la entidad, entre los que se encuentra el mismo decano, Federico Martínez Roda, su antecesor Enrique De Miguel, y algún otro como Jaime Siles, cuya opinión al respecto del conflicto lingüístico es que se trata de una “batalla perdida”, y que la oposición a la “unidad de lenguas” que el catalanismo pretende es un obstáculo a la predisposición de las instituciones -léase Ayuntamiento y Diputación- a dotar a la entidad de presupuesto y subvenciones que permitan perdurar a la RACV, por lo que contemplarían con buenos ojos la creación de un entorno colaborativo con la AVL y la asunción de los postulados de ésta.

En este punto, ya podemos discernir dos cuestiones vitales: la primera es que tanto el Ayuntamiento de Valencia, como la Diputación, como la Conselleria de Cultura, son conscientes de que ahogar económicamente a la entidad es la vía más rápida para acentuar la actitud favorable al acercamiento de posiciones con la AVL por parte de unos personajes muelles, con quizás excesiva querencia a la categoría de ‘académico’ y que otorgan poco o nulo valor relativo a la realidad histórica y social de la singularidad lingüística valenciana, provocando así un cisma en la entidad. La segunda, que tanto la Secció de Llengua como los principales mecenas de su actividad, el Patronat, son obstáculos insorteables para quienes pretenden la confluencia lingüística, por lo que se va a procurar a toda costa su exclusión y extinción.

Cronología de precedentes recientes

En líneas generales, las diferencias entre el ámbito académico de la RACV y el entorno cívico y cultural valencianista ha sido tónica habitual los últimos años. Un manifiesto desagradecimiento, tal y como lo entienden los representantes de las principales entidades, ya que dichas entidades apoyan y defienden sin fisuras -salvo alguna excepción- la labor, representatividad y función normativa de la Acadèmia. Los dos anteriores decanos y el actual han sido proclives a mantener las distancias entre la labor de estudio e investigación de la RACV y las actividades de las entidades valencianistas. Con total seguridad podemos afirmar que esta actitud ya es el germen de la actual situación.

El anterior decano, Enrique De Miguel -sustituto del malogrado Vicent Lluís Simó Santonja, y principal valedor del actual decano, Federico Martínez Roda- realiza unas declaraciones a Levante en noviembre de 2013, recién estrenado su decanato, en las que afirma que “la RACV y la AVL pueden trabajar por un valenciano científico y del pueblo”. Estas palabras provocaron airadas respuestas desde el valencianismo cívico y cultural.

2014 es el año de la salida del presidente de la AVL, Ramón Ferrer, quien llevaba más de tres años sin asistir a los plenos de Junta de Académicos. El entorno sociocultural valencianista presionó al decano De Miguel para que dictara su expulsión, ya que por estatutos de la RACV, contravenía el artículo segundo -que habla de la defensa de los principios de la entidad-. De Miguel optó por dar a Ferrer una salida digna y permitir que fuera él mismo quien presentara su dimisión.

En mayo de 2015, Patronat lanza un manifiesto solicitando colaboración a los patronos y a la sociedad valenciana en general para poder sufragar las excavaciones que la Secció d’Arqueologia está realizando en Moixent y, en general, contribuir al sostenimiento de la investigación y el estudio de la cultura valenciana, y vaticinando con acierto que la nueva situación política -acababa de aterrizar el tripartit en las instituciones- sería económicamente muy adversa para la institución. Este manifiesto es aprovechado por el diario Levante -principal órgano de comunicación del catalanismo valenciano- para sacar de contexto el manifiesto, anunciar un ‘divorcio’ entre las entidades y provocar un enfrentamiento entre el decano y el presidente del Patronat.

Junta de Gobierno de la RACV

La reacción de De Miguel es la de desvincularse públicamente del manifiesto y posteriormente solicitar a Patronat que cambie su razón social y domicilio con la finalidad de evitar nuevos malentendidos. Se puede colegir de esta petición que, el Patronat, a fechas de hoy principal mecenas de las entidad, resulta molesto a los intereses del sector proclive a la confluencia normativa y a la obtención de mayores fondos públicos a cambio de pasar a la Secció de Llengua por la guillotina.

La hoja de ruta: una maniobra maquiavélica

El valencianismo se enfrenta a la campaña de neutralización más feroz de los últimos años: un intento directo y certero de erosión a la entidad referente en materia lingüística y principal obstáculo normativo para la deglución definitiva del valenciano por parte del catalán. Y desde este medio nos atrevemos a señalar al principal responsable: Ramón Ferrer, presidente de la AVL. Ferrer tiene la bendición de los Marzà, Ribó, Morera, Puig y todos sus escuadrones, no necesita que le den ninguna orden, es diligente y proactivo, sabe lo que tiene que hacer, y conoce a la perfección los entresijos de la RACV, conoce a todos sus académicos, sabe con quiénes de sus miembros se puede contar para ofrecerle 30 monedas. De hecho, parece ser según rumores que circulan en el entorno valencianista, se pudo haber visto a Ferrer compartiendo mesa con Martínez Roda hace unos días en un restaurante de La Pobla de Farnals.

Una vez ganada por completo la batalla lingüística -junto a la del control de los medios de comunicación, la educación y las instituciones-, las parcelas de la bandera, la denominación territorial o la asimilación cultural volverán a ser ocupadas y conquistadas, una tras otra, cayendo como si de fichas de dominó se tratara. ¿El fin último? La construcción nacional de los països catalans, la consolidación de un gran mercado multimedia que llene los bolsillos de las élites editorialistas, y la seguridad de tener legiones de consumidores – votantes – correligionarios.

Ramón Ferrer, presidente de la AVL, con el polémico conseller Marzà

Por otra parte, es razonable pensar que, en el desempeño de su posición como presidente de la AVL, Ramón Ferrer tuviera la aspiración personal de ser el ‘solucionador’ definitivo del conflicto lingüístico. Y de paso conseguir una nueva y definitiva sede para su institución. Fuentes consultadas con este medio especulan con la posibilidad de que la AVL abandonara San Miguel de los Reyes para instalarse definitivamente en la calle Avellanas de Valencia, en el caso de que esa réplica del IEC de la que hablábamos al principio del artículo se convirtiera en una realidad, previo e imprescindible troceo de la RACV. La simple disolución de la RACV como fundación, conllevaría a la extinción de la cesión del edificio por parte del Ayuntamiento de Valencia, detalle al que hay que prestar especial atención. Faltaría por ver, claro está, quién querría ser el verdugo responsable de la disolución de un Real Academia, entidad centenaria, y referente de estudio e investigación en diecisiete secciones o áreas.

Los últimos acontecimientos

En apenas dos meses de decanato, Martínez Roda ya ha mostrado sus credenciales. Sus desafortunadas declaraciones a Levante -siempre Levante, que acaba de recibir 130.000 euros de subvención del actual Consell, trabajando por favorecer los intereses del catalanismo- han actuado como catalizador de la campaña de diseño para derrocar al valencianismo académico, y le han convertido en colaborador necesario de la misma.

Federico Martínez Roda

A las palabras de Martínez Roda les han llovido vítores, aplausos y felicitaciones, totalmente tendenciosas, desde todos los foros del catalanismo: el mismo Ramón Ferrer, el primero. A Ferrer le han seguido Marzà, conseller de Educación y Cultura, el regidor de cultura festiva Pere Fuset, la Taula de Filologia o el Consell Valencià de Cultura (CVC). Dichas felicitaciones sobreactuadas, impresas de optimismo desmedido y teatralidad, transmiten con entusiasmo a la turba catalanista que las palabras de Federico Martínez Roda no tienen vuelta atrás, y que se trata de un acercamiento real y tangible. Así lo exige el guión.

Martínez Roda lanzó ayer un comunicado en el cual, aparentemente, parecía firmar la paz con la Secció de Llengua tras las declaraciones a Levante. Mero trámite, en opinión de voces autorizadas dentro de la RACV, para ganar tiempo. En ningún momento se ha desdicho todavía de sus categóricas afirmaciones. Ni de forma pública, ni privada.

Mientras tanto, las entidades cívicas y culturales valencianistas siguen mostrando su indignación, esperando las aclaraciones de este decano, quizás eminente en su área de trabajo, la historia, pero voluble, sin criterio suficiente, y de muy bajo perfil para asumir la tarea de liderar a la Real Acadèmia en estos tiempos complicados. A las peticiones de dimisión de Plataforma Valencianista, Fòrum Cívic, Junts Front a la AVL, Círcul Cívic y otras entidades, se han sumado en las últimas horas la del Grup Cultural Ilicità Tonico Sansano o la del Grup d’Acció Valencianista. También se ha creado una petición de dimisión en la plataforma change.org que puede ser firmada por cualquier particular en el siguiente enlace:

https://www.change.org/p/federico-mart%C3%ADnez-roda-dimissi%C3%B3-del-dec%C3%A0-de-la-racv-dimisi%C3%B3n-del-decano-de-la-racv

La salida más digna en este momento sería dimitir reconociendo no haber estado a la altura. Como comentábamos antes, ¿quién querría pasar a la historia como el responsable del desguace de una entidad cultural centenaria y la entrega definitiva de una seña de identidad de todo un pueblo?

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