La conjura de los entrecomillados

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Pablo Iglesias piensa en voz alta, como si creyera que casi nadie le escucha, o peor y más plausible, como si casi nadie tuviera el nivel intelectual necesario para hacer de su discurso algo inteligible. Así por ejemplo, habla abiertamente de la discusión en el seno de Podemos sobre si seguir la metodología populista o declarar abiertamente su comunismo, e incluso maneja con solvencia moral palabras como ‘radical’. Esta suficiencia, tan propia de la izquierda, que es frecuentemente su cadalso electoral, es compartida por nuestro catalanismo: Toda una batería de intelectuales del ámbito universitario con titulaciones y ‘pensums’ que acojonan, la verdad, tratan la cuestión identitaria valenciana como aquellos aristócratas franceses de la prerrevolución que con ínfulas enciclopedistas y pelo empolvado discutían sobre las teorías ‘newtonianas’ buscando el favor y la entrepierna de Teresa Cabarrús.

Hete aquí que la Generalitat de turno ha concedido el Premio de las Letras Valencianas a uno de esos que viven de mamar de la teta catalana y sus derivadas autóctonas de’ maricomplejines’ y pánfilos: Don Joan Francesc Mira. Otro cuyo currículo amedrenta a los pobres de espíritu y a los huérfanos de Aquisgrán o del ministerio de Próspero Bofarull. El intelecto y la metodología científica al servicio del mejor y más rápido postor. Un tipo que escribe ‘País Valencià’ sin entrecomillar (*), pero que hace lo propio con una Comunidad Valenciana tan estatutaria y tan dimanante del autogobierno como la alta distinción que no rechaza: la Teta, con mayúscula. Antiespañolista, o mejor, antiespañol, que invoca la Razón y la Historia frente al ‘blaverisme’ que no debió ser por ser consecuencia del primero. Negacionista de la españolidad de lo valenciano con la misma contundencia que empleara en su movimiento de cadera el conde Enrique Puig Moltó con Isabel II y que dió por fruto al Alfonso XII de la Restauración, o con la firmeza del Conqueridor al apartar al nuevo Reino de Valencia de las garras de nobles aragoneses y catalanes. “Pre-racional” es el “anticatalanisme”, escribe: Bonito lanzar la Razón –la Historia, el método científico, etc.- a la cabeza de quienes disienten. Qué discurso tan añejo, tan agrio, tan facilón… Joan Fuster temía una suerte de “‘solució final’ amb forns crematoris i tot” contra el catalanismo, y lo habrá, no lo duden, pero por aburrimiento del respetable.

Y mientras el PPCV, sin despeinarse, recupera pasito a pasito el gobierno regional, los ‘dueños’ de la Raó y la Història valencianas apuran las últimas caladas al poder e intentan ensanchar a marchas forzadas el Lebensraum (espacio vital) catalán.

¡Apresúrense! Las hordas de irracionales entrecomillados han vuelto.

(*) Epíleg del libro País Valencià, segle XXI – Vint-i-una reflexions critiques. Valencia: Publicacions de la Universitat de València, 2009.

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