¿Mónica, dónde está Enrique?

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Al Molt Honorable y a los honorables miembros del Consell de la Generalitat Valenciana.

Primero.- Que ustedes han aprobado por decreto la Ley de Memoria Democrática y para la Convivencia, a tenor de la cual se procederá a la exhumación e identificación de los cadáveres ocultos en fosas comunes de personas represaliadas y asesinadas por ambos bandos –supuestamente- durante la Guerra Civil del pasado siglo XX en territorio de la actual Comunitat Valenciana.

Segundo.- Que la dotación presupuestaria de dicha ley y su ejecución asciende a un total aproximado de cuatro millones cuatrocientos mil euros (4.400.000 €).

Tercero.- Que me declaro sinceramente, y así constará en las bases de datos de consulta, leal y gozoso contribuyente y sostenedor de la administración estatal, autonómica y local.

Cuarto.- Que, como viene siendo habitual, se aprueban por decreto leyes huérfanas de un consenso social mínimo o de la inédita y prometida consulta popular; abundando más, en materias tan delicadas como es la que nos ocupa. Por lo que, urgido, aprovecho para señalar a una de las personas miembro de mi familia que también fue represaliada y asesinada durante el conflicto civil por si tuvieran a bien, y así debería ser en justicia, hallar sus restos para darles homenaje y descanso.

Quinto.- Que don Enrique Terrasa Gómez, español, de veintidós (22) años, soltero, vecino de Valencia, miembro fundador del Sindicato Español Universitario (SEU) –¡oh, sí, falangista!- con representación en la Universidad de Valencia, graduado en Magisterio, sin haber alcanzado la dignidad de combatiente fue detenido en fecha inmediatamente posterior al 18 de julio de 1936 en su domicilio del barrio de Ruzafa por una comisión policial y trasladado a la Cárcel Modelo de la capital valenciana, de donde, unos días más tarde, desaparecería sin que dieran más razón sus carceleros que la de ‘liberado’. Se dedujo fue víctima de una ‘saca’ ilegal de presos perpetrada por los milicianos que campaban a sus anchas por el establecimiento penitenciario durante aquellos días, armados por orden del presidente del Consejo de Ministros de la República y miembro de la Izquierda Republicana Excmo. Sr. Don José Giral Pereira.

Sexto.- Que, como fue informalmente notificado a su familia directa, sufrió ‘paseo’ y ejecución, inhumado probablemente en una de ‘sus’ fosas comunes del Cementerio General de Valencia, en las cercanías de la localidad de Paterna o en la pedanía de El Saler. Así quedó fijado en la memoria particular y acervo emocional de la familia.

Séptimo.- Que su desaparición, tortura y asesinato produjo un inconsolable dolor a unos padres y hermanos que murieron con los cajones llenos de álbumes de fotos numeradas de represaliados con el rostro desfigurado, hinchado y ensangrentado que no sirvieron para su localización, y con la profunda desazón de no haberle podido dar cristiana sepultura; como seguro hubiera sido su deseo. Que, irrefutablemente, tanto el sufrimiento provocado por la execrable acción de los milicianos, así como el quebranto económico que supone para mí y para mi familia el mantenimiento de las arcas públicas, es homologable o análogo al de los familiares represaliados por el otro bando.

Octavo.- Que si no consideraren como cierta la última frase del punto Séptimo, tenga a bien afirmarlo en público y, en consecuencia, a admitir la conveniencia de la eliminación física de ‘aquellos elementos facciosos’; sean valientes.

Noveno.- Que don Enrique Terrasa Gómez dio durante muchos años nombre a un conocido colegio de la Malvarrosa, imagino que en su calidad de docente. Por supuesto, aquel colegio ya no lleva su nombre por tratarse del propio de un ‘fascista’, sin que los responsables de dicha arbitrariedad y segunda ‘victimación’ recabasen para sí ningún dato biográfico más: No me constan consultas previas o notificación de la resolución a los herederos del señor Terrasa Gómez.

Otrosí digo que el mérito del cambio nominal del centro educativo no es suyo, sino de la administración dirigida por el Consell del PPCV de ‘maricomplejines’ que les precedió. Lo siento.

Décimo.- Que me la traen al pairo sus prejuicios al respecto del porqué de mi solicitud; los suyos como acemileros y los de las muchas acémilas que cargan sobre su lomo la puñetera Memoria Histórica.

Undécimo.- Que son ustedes los que reverdecen las ortigas secas del rencor y traen a color aquellas imágenes de grano grueso en blanco y negro de muertos en las cunetas y persecuciones hasta la aniquilación. Que no está en mi ánimo remover tierras regadas con sangre y odio, pero que si se ponen a tal absurda tarea con mi dinero, exijo equidad en el procedimiento.

Decimosegundo.- Que me han llevado al extremo hastío sus veleidades de izquierda redentora y su ilícita apropiación de la Verdad, así como su gusto por el despilfarro de los dineros públicos en aguas pasadas que sólo mueven su molino: su irresponsable maquinaria del resentimiento de insospechadas consecuencias.

Por todo lo expuesto SOLICITO

Considerándome legitimado por mi relación familiar de sobrino-nieto de la persona objeto de esta solicitud, ruego procedan a la localización e identificación de los restos de don Enrique Terrasa Gómez, a la exhumación de los mismos y a su inmediata puesta a disposición de los herederos legales.

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