Patrañuelas

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¿Cuánto tardará nuestra progresía autóctona en utilizar el concepto ‘unionismo’? ¿Cuánto en adjudicar -sin concurso previo, al gusto latino- a troche y moche el epíteto a todo aquél que diverja? No se crean, el adjetivo calificativo ya ha brotado cual cardo borriquero en tierras catalanas: Son ‘unionistas’ los que defienden la permanencia de Cataluña en España, en un escorzo, en un retorcimiento imposible de realidades por el que establecer paralelismos con el conflicto norirlandés. Qué poco tardarán los émulos al sur del Cella en disparar la palabrita contra todo aquél dispuesto a frenar su proceso de anexión.

‘Unionistas’ llamarán a los valencianos viejos cómodos en su españolidad; ‘unionistas’ a los ‘raritos’ que siguen una moda vieja. España ya no es ‘cool’, chato; lo de ‘facha’ está muy trillado, nen, ahora serán ‘unionistas’. Al tiempo.

Las palabras sí son importantes, las palabras sí hacen daño, sobre todo aquellas que son expresión fonética de un algo más vasto al servicio de una estrategia sociológica. El ‘unionista’ estará más próximo a aquel soldado al servicio del rey francés, que lo fue ‘por derecho de conquista’, que al valencianot llaurador al que se le vino la razia castellana encima sin haberla olido: Pobret ell, tan treballaor de la seua horta, tan rebonico en el seu mocaor al cap, tan de poble i inocent, tan salvaget i espardenyat que dona goig. Dixeu-lo aixina, ben resguardaet en l’alqueria, ¡che! Puro romanticismo wagneriano a toque de agro-rock.

El ‘unionista’ será un valenciano de grado inferior; tendrá derecho a existir y a guardar silencio, pero no a utilizar el gentilicio. Todos los gilipuertas -muchos de ellos con más apellidos castellanos que pelos en la nariz o más vuelo de gaviota que el pequeño Nicolás- se alejarán embozados de todo lo que huela a ‘unionismo’.

-¡Uf, cuqui! A mí, España, me atrasa. El rollo ‘unionista’ no me va; yo me siento más… Rufiana, ji, ji, ji… Qué paso del flamenquito y la dansà, tía; a mi me va més la muixaranga, eso sí, em sembla una mica baixeta, ¿no? Pujeu-la, pujeu-la!. Així millor. ¡Jopetas! ¿Dónde vas a parar?

Y una vez colmado el caldero con las nuevas patrañuelas de Joan de Timoneda -el jodido también debió ser unionista porque le dio por escribir en castellano allá por el siglo XVI- que siga el festín catalanista: el del verdadero unionismo, sin entrecomillar.

Apunten la palabreja porque se nos va a clavar en la coronilla como la estalactita caída a mala leche. Cuando la escuchen de boca de los ‘compromissos’, acuérdense de éste, servidor de ustedes, ‘unionista’ con dos coj…

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