El harakiri, una cruel forma de morir

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Es difícil escribir con objetividad cuando eres parte interesada, pero con un poquito de buena voluntad se puede conseguir y voy a intentarlo.

Tengo la amarga sensación de que en Valencia, aquellos que la amamos y queremos que progrese, cometemos una y otra vez los mismos errores.
Nos movemos en círculo, lo que hace, que en cualquier momento te encuentres con caras del pasado que ya demostraron su ineficacia y así como el burro en la noria, caminamos y caminamos hacia ninguna parte.

Por supuesto, a estos dinosaurios les han lavado la cara y ahora se ven diferentes, o eso quieren que creamos. Hay que abrir bien los ojos y mucho más en política, porque la sociedad avanza y nosotros con ella.
Y quien no sea capaz de comprender esto, está abocado al más estrepitoso fracaso.

Quienes nos dedicamos a la política debemos estar atentos a la calle y a lo que los ciudadanos que la transitan diariamente, quieren. Para ello hay que desnudarse de todo prejuicio, entender, que aquí cabemos todos y que hay que gobernar sin complejos.

Pero si quienes tenemos el sueño de un Reino libre por fin, de traidores, un renacimiento, en todos los sentidos, nos enfangamos en el victimismo pretendemos llegar solo a una franja de edad que ya está cansada de luchar, fracasaremos y nos tendremos que ir a casa con el rabo entre las piernas.

Hay que sacudirse el polvo, modernizarse sin perder nuestra esencia, atraer al público joven desencantado y adoctrinado durante más de treinta años y ofrecerle salidas desde un programa político novedoso.
Ser pioneros en enseñar aquello que jamás debió quedarse en los cajones, es decir, nuestra cultura y señas de identidad, pero las de verdad, no esa farsa infame que les han metido en la cabeza, plagada de mentiras y errores históricos. Resumiendo, ilusionar a una sociedad que sobrevive pero que no vive, ultrajada día sí y día también por unos y por otros.

Observo movimientos que no me gustan, telas de araña bien tejidas que siguen atrapando a ingenuos, charlatanes de feria que dicen lo que tú
quieres oír pero que te la jugarán en cuanto te des la vuelta o en el mejor de los casos será más de lo mismo.

Da la sensación de que algunos nadan en el mismo fango que ya nos salpicó y que muchos ciudadanos tienen la sensación de que el “valencianismo” se ahoga en su propia sangre y no seré yo quien les quite la razón.

Esto por supuesto beneficia a los grandes partidos que campan a sus anchas. Mientras más nos empeñemos en defender con los mismos argumentos y sin llegar a ningún acuerdo entre nosotros, más avanzan ellos convencidos de que no tenemos solución y no, no la tenemos, al menos, no ahora.

Es hora de dejar de lamentarnos, no somos plañideras, ha llegado el momento de actuar, de moverse, de convencer. Sobra el “yo haré” y necesitamos el “nosotros haremos”devolver al pueblo valenciano el orgullo que un día perdimos porque estábamos ocupados en otros
menesteres.

Por desgracia solo las urnas pueden darnos esa victoria tan anhelada puesto que aceptamos los principios de la democracia. Insisto pues en el discurso que queramos hacer llegar ¿obsoleto, plagado de recuerdos, de tiempos mejores, o moderno y adaptado a la sociedad actual?

Por mi parte y creo que hablo en general por la gente del partido que presido, el camino está muy claro, las acciones a emprender muy estructuradas. Desde la conciencia de ser pequeños, carecer de recursos y contar solo con nuestro esfuerzo, humildad y dedicación, podemos cambiar el mundo, nuestro mundo.

No va a ser fácil, a la gente le gusta la comodidad de sus hogares, que otros hagan el trabajo sucio, pero la tarea es apasionante, sin haber cumplido un año de vida, ya somos el grano en el culo, de gobierno y oposición.

Ahora solo hace falt, que la gente nos conozca y nos vea como lo que somos, un grupo de gente que no tira la toalla por muchas televisiones públicas o intentos de hacernos catalanes de segunda, que estos mamarrachos que ahora nos desgobiernan pongan en marcha.

Resistiremos que como decía Cela, el que resiste, gana. Ellos pasarán, nosotros permaneceremos. Mientras tanto a trabajar que quizás para mañana sea tarde.

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