Teatro del Despropósito generalizado

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Parece que las vacaciones de Semana Santa han sido provechosas en el Teatro del Despropósito en el que la política se convierte cada día. No solo me refiero solo al interior de nuestras fronteras. Allende los mares Atlántico o Mediterráneo, las cosas andan tan revueltas o más que en la península. Corea del Norte y Venezuela marcan la senda, entre otros ilustres países-miseria, que quiere seguir Turquía, cada vez más lejos de Europa y más cerca de convertir un país maravilloso – y que siempre adoré – en un erial totalitario y, además, teocrático. No dejo de acordarme de Hakan, Emrah, Dijan o Mustafa, entre otros cada vez que Erdogan da un golpe en la mesa contra la Libertad.

El apartado doméstico viene también cargado de idioteces. Resulta que ahora la política se hace desde un autobús. A base de golpe de efecto. Golpe de efecto que no es más que la mala copia de un mal chiste de una organización carca y casposa. Para tirarse los trastos a la cabeza, Podemos es tan cutre como la rancia derecha que tanto dice detestar, demostrando una y otra vez que maman de las mismas tetas liberticidas. Se trata de infectar la ya de por sí infecta opinión pública con el mensaje que a cada cual interese y de paso, que se pase de puntillas sobre sus incongruencias y contradicciones, la anecdótica pero reveladora de la Coca-Cola del especulador Espinar y la más grave y significativa de la condena en costas a su Gran Jefe Pableras por demandar a un periodista que, te guste o no, ha sido parte importante desmarañando la corrupción de este país. En Podemos, además de beber Coca-Cola tienen cuentas en sus odiados paraísos fiscales, demostrando una vez más su doble vara de medir. Son los reyes de la Ley del Embudo.

Revelador es también la respuesta del Gobierno, a través de la ínclita Vicepresidenta, al intercambio de mensajes en el autobús. Soraya Saenz de Santamaría obvia que pese a lo pueril de la actuación de Podemos, pese a su nula capacidad parlamentaria para nada que no sea el griterío, la mofa y la falta de educación, su ideario puesto en práctica podría acabar con muchos de nosotros, con ella misma incluso, entre rejas. La bajeza del espectáculo del “y tú más” deja de tener gracia cuando la caterva de niñatos con ínfulas pisan moqueta. Entonces lo que viene es el rodillo y pasar por la checa a todo el que no piense como él. Yerra el que piense que el apoyo subrepticio a las huestes enemigas le granjearía misericordia en un hipotético gobierno populista. Bien lo saben en Corea del Norte o Venezuela. También ya en Turquía. El colaboracionismo no da réditos, desde los tiempos de Viriato.

Tanta pantomima no acaba de esconder, no obstante, que un Presidente del Gobierno español tendrá que declarar en el juicio para dilucidar si su partido se financió irregularmente mientras otro alto cargo catalán reconoció que el gobierno, en aquellas tierras, no sólo permitió, si no que alentó la financiación irregular de los que mandaban allí.

Mientras tanto parece que regalaremos los títulos de ESO para que los alumnos no se traumaticen. Lo adecuado para este circo de tres pistas es un público idiota que no sepa separar el grano de la paja. Un Teatro del Despropósito que se precie necesita un público a la altura. A la del betún o un poco más abajo. En la fosa séptica.

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