Contestad, contestad malditos

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Hay preguntas, hay respuestas y luego tenemos la famosa encuesta del Ayuntamiento que ha levantado ampollas y sarpullidos varios.

En trabajo social una se cansa de hacer encuestas para todo, sanidad, educación, en cualquier estrato social posiblemente no sirven para mucho, pero aprendes a preguntar a la gente.

Si mal no recuerdo y en aquella época la protección de datos no existía cuando en la encuesta habían preguntas “cerradas” ahora explicaré lo que son, tenías que informar muy bien, al encuestado, de qué le ibas a preguntar y si estaba dispuesto a contestar.

A pesar de todo ello, siempre se hacían totalmente anónimas poniendo sólo, edad y sexo, punto. Esto sería lo correcto y cualquier fórmula que se elija debería estar fuera de toda duda.

En una encuesta hay preguntas abiertas es decir, aquellas tan genéricas que no te posicionan en ningún lado, del tipo: ¿Qué le parecen las listas de espera para operarse? Y luego están las preguntas cerradas: ¿Es usted católico y si lo es, es practicante?

Aún siendo preguntas cerrada, si no pones nombre, ni dirección, recuerden, solo edad y sexo no pasa absolutamente nada y uno se va a casa sin mojarse más de la cuenta.

Pero el follón y bien gordo que se ha montado con la encuesta que se les ha pasado a los miembros de Fallas viene porque huele demasiado a naftalina, a viejas prácticas, ya olvidadas en el armario.

A pesar de que el concejal suelta su discurso de que es un tema sociológico y bla, bla, bla el asunto huele a podrido sin estar en Dinamarca.

Mi mantra es que un político jamás debe de subestimar a los ciudadanos, primera regla, segunda regla, nunca bajo ningún concepto debe mentirles o tratar de manipularlos.

¿Entienden esto en el Ayuntamiento? Me temo que no y esa prepotencia les costará cara en el 2019. Cuando piensas que una ciudad es tu cortijo pierdes los papeles considerando a los ciudadanos como súbditos y no lo son en absoluto.

El mundo fallero se las ha apañado muy bien hasta ahora y el alcalde era un mero mediador para evitar conflictos. Cuando la política entra en determinados estamentos, la coherencia y el sentido común saltan por la ventana despavoridos.

Y eso es ni más ni menos lo que está pasado en estos momentos, que las Fallas se están politizando a marchas forzadas, perdiendo su razón de ser, entrando en el peligroso todos, contra todos que tanto les gusta a determinados partidos políticos, el “divide y vencerás” que tan bien funciona.

Cuando se utiliza la cabeza no solo para llevar sombrero es imposible no pensar mal, creernos las explicaciones de que estas encuestas se hacen a casco-porro y que son totalmente inocentes e inocuas. Tururú.

Máximo, si quien las está defendiendo ya ha dado muestras de totalitarismo, como decirles a unas niñas y mujeres como deben de vestirse o maquillarse y si se ponen un moño o tres porque lo digo yo, que a la postre, soy solo un político.

Esto se veía venir, pero nadie lo paró en su momento y de aquellos barros, sufrimos estos lodos. Si algo ha hecho bien este gobierno es no esconder su catalanismo, todos los días da un pasito más hacia los “países catalanes”, y las Fallas no se iban a salvar, eso lo sabíamos todos.

Pero la pregunta que yo me hago es si la capacidad de reacción de los falleros será la adecuada o por el contrario bajarán la cabeza y esperarán a que escampe.

Porque se empieza preguntando de qué pie cojeas y se acaba arrinconando la falla que no me es afín aunque te juren por los frailes descalzos que eso no es así. Avisado queda todo el mundo, luego vendrán los lloros y ya no habrá nada que hacer.

Recuerden una cosa, las Fallas han existido antes de este gobierno y seguirán existiendo después, por eso hay que quitarse miedos de encima y defender lo que nuestros mayores nos legaron con tanto cariño.

¿Es usted de derechas, izquierdas, centro? Y a usted qué le importa, pues eso.

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