¿Ofrenant glories a qui?

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Desde el principio de nuestra mal llamada democracia, la sociedad se ha convertido en una escalera de caracol sin límite, alta, angosta y con poca luz, cuya base es depreciada por los que han conseguido escalar peldaños.

En todos los hitos históricos la humanidad se ha distinguido en dos, los que mandan y los que no, o tal vez, en falsos amos sedientos de poder, que para ser domine, idolatran a un  ancestro que les esclaviza más a su ser mismo que si tuvieran plena libertad para imponer su propia ideología. “hay que venderse para poder vender….”.

Ya nuestros ancestros, preocupados por los dioses, ofrendaban a quien creían superior. En nuestros días, asistimos a circos de personajes endiosados, que lejos de ser idolatrados son meros esclavos del amo que paga.

Asistimos así, al mercado del todo vale y se vende, una lengua, una tradición una cultura, que lejos de ser ensalzada por estos “diosecillos”, es mero instrumento y moneda de cambio moderna.

Muchos en este amplio catálogo de traiciones, se atreven incluso a vender género que no les es propio, subyugando la propia idiosincrasia de un pueblo a otro sin otro animo de servir a un amo buen pagador, estaríamos ante la figura del ofrendador estrella, categoría cum laude en nuestra propia tierra, no por calidad, sino por cantidad. Porque si de algo entendemos en estos lares es de este comercio que siempre nos usa para pagar a terceros, llámese, Castilla o Cataluña, Paises Bajos o Creta, la cuestión es clara, tenemos un valor, y como tierra gloriosa, somos deseados por amos, amitos y demás pobredumbre que habita en el territorio.

Somos un pueblo rico, pero nos quieren esclavo, siendo unos amos ficticios arrodillados a lo que jamás pasará ni jamás conséntiremos.

Mi tierra, mi libertad, no esta en manos de nadie, todo esclavo ha de romper las cadenas, sin llantos ni ofrendas, sino con el poder de ser deseados por todos.

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