Aló alcaldable

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Don Luis Santamaría Ruiz:

Es difícil elegir la fórmula para dirigirse a un político de su currículo profesional y nivel académico; no en vano, su biografía viene publicada por la popular Wikipedia, cuando la mayoría, si buscamos en Google, no podemos aspirar a más que a ver nuestro nombre enumerado en una lista de candidatos admitidos a una oposición publicada en el BOE o a ser mencionados en una resolución judicial. ¿Carta abierta? Pretencioso sería por mi parte que esta modesta interpelación escrita lo fuera.

Usted va a ser el próximo candidato a alcalde de Valencia por el Partido Popular. ¿Qué cómo lo sé y por qué me tomo la libertad de afirmarlo? Su presencia en el acto de la candidata oficialista a la presidencia del Ateneo Mercantil me lo confirmó definitivamente; se prodiga y hace acto de presencia en aquellos actos públicos claves para quien pretenderá arrebatar la vara de mando municipal al manresano Ribó en el año 2019.

Aún a riesgo de parecer su palmero, cómplice y continuista de la innegable impostura popular, confesaré que siento empatía hacia usted que se declara valencianista crítico con el catalanismo de nuestro gobierno autonómico y municipal del Cap i Casal, que incluso afeó la conducta de la Academia Valenciana de la Lengua (AVL) de Zaplana y Camps cuando definió al Valenciano como lo definió, lo que le ha valido la distinción de alguna insigne institución valenciana como Lo Rat Penat. Sin embargo, no tengo más remedio que señalarle que la actitud mostrada por los miembros del PPCV en el último tercio de la legislatura pasada hedía al electoralismo del que tiene todo que ganar y nada que perder apremiado por sus propios fantasmas y culpas inconfesables. Me consta y doy fe que usted da la cara, pero, ¿hasta dónde llega su autonomía y capacidad de acción?

No se escandalice si le digo que tiene relativamente fácil ocupar el despacho de primer edil de la Real Casa de Enseñanza. Usted encaja a la perfección en el perfil de valencianista capitalino –que existe y que achica posibilidades electorales a otros valencianismos políticos más excluyentes-: envuelto en la Real Señera, castellanoparlante, de discurso moderado, leal a la Corona Española, respetuoso con tradiciones y liturgias, posicionado frente a un catalanismo explosivo de buzo estelado hasta la nariz, cabeza oculta por una capucha oscura y concierto de la gossa sorda, aquél que es más propio de la comarcas castellonenses de Els Ports o El Maestrat: un alérgeno social.

Y una vez aupado al balcón del Ayuntamiento, ¿qué? Alcalde de Valencia, primer mandatario de la ciudad que es corazón y guardiana de nuestra identidad; algo enmohecida y acomplejada por sus hijos pero sultana del pasado; de verbo florido y falleril como el mío propio; guerrera de batallas cortas… ¿Usted la sabrá entender tanto como los que ahora la gobiernan la desprecian y ultrajan cambiándole el nombre? ¿Tendrá el coraje de combatir el exabrupto y reconstruir su dignidad contra esnobismos ‘agro-teenagers’ e injerencias ‘ciudadanas’?

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